sábado, 11 de agosto de 2012

Primeras melodías de la vida

En el principio era el ritmo. El pulso uniforme de la sangre que circula por el cuerpo de la madre, el flujo y reflujo de su respiración, la hondura del vientre, los ruidos roncos, el gorgoteo de los movimientos de líquidos dentro del útero, y en primer plano, casi ahogando al resto, el incesante galopar del corazón materno.
Transcurrió el tiempo, en este mundo donde aún no existía el concepto de tiempo, y entonces, un día, surgió un nuevo sonido: el gorjeo agudo de la risa de una mujer, al que al instante siguió el sonido de otra voz, esta más grave y más distante, pero potente en su efecto de todos modos. Después, quién sabe cuántos minutos, horas o días más tarde, una vibración musical, exquisita, atravesó la pared del útero. El sonido estaba hecho por un violín, y creaba una vibración electrizante, la sensación de algo totalmente nuevo. Una riada de otros sonidos siguieron al primero, algunos dolorosamente fuertes, algunos sublimes, algunos casi inaudibles, cada uno un eslabón de una cadena de oro que llevaba al mundo exterior a la criaturita que ya escuchaba activamente…
(Don Campbell)